¿Cómo romper con un chico que amas

.........Y mato porque me toca.

2017.08.15 07:49 Subversivos .........Y mato porque me toca.

El relato del crimen que transportó a este país hacia las regiones mentales más frías de los asesinos anglosajones en serie comienza cuatro años antes del 30 de abril de 1994, noche en la que un estudiante de tercero de Químicas, de 22 años, y otro de tercero de B.U.P., de 17, eliminan a un hombre con 20 puñaladas porque lo exigía el guion del juego que ellos mismos inventaron.
LOS SUCESOS DE EL PAÍS ... Y mato porque me toca Los reportajes y ensayos de esta veraniega serie han sido extraídos del libro Los sucesos de EL PAÍS, publicado en 1996 como parte de la conmemoración de los 20 años del diario, lanzado el 4 de mayo de 1976. Históricas firmas del periódico, como Rosa Montero, Juan José Millás o Jesús Duva desmenuzan algunos de los crímenes que han marcado la reciente Historia de España, de la matanza de Atocha al crimen de los Marqueses de Urquijo.
Cuatro años antes de aquella madrugada, en un campo de fútbol del barrio madrileño de Chamartín, Félix Martínez, un niño de oc­tavo de E.G.B., se embelesa con los gritos desde la grada de un chaval cinco años mayor, ojos azules detrás de gafas gruesas, metro noventa sobre el nivel del suelo, moreno y desgarbado en el andar. Félix se le acerca creyendo que declama nombres de personajes del juego del rol, el invento que surgió a finales de los sesenta en Estados Uni­dos y conquistó en forma de negocio las papelerías españolas en la década de los noventa. Varias fichas, un tablero, una historia inven­tada y unos roles, interpretaciones o arquetipos que se adjudica a ca­da participante. Inteligencia, fantasía y tiempo libre para probarlas. Ordena y manda la figura del rol master.
A Félix no le gustaba ningún deporte, ni siquiera le apasionaba el cine, ni las chicas –su primera relación amorosa la tendría dos años después–, ni las motos, ni la ropa, ni los estudios. Tan sólo leer, a ser posible historias paranormales, escribir poemas y jugar al rol.
Félix se iba a llevar una sorpresa. Allí tenía un posible compañe­ro de Rol gritando aparentemente nombres de personajes. ¿A qué es­peraba para conocerlo? El chico de E.G.B. aborda por fin al miope de ojos azules y le pregunta si también sabe jugar al rol. Dos trage­dias se dieron la mano.
MÁS INFORMACIÓN ... Y mato porque me toca Todo lo publicado en El País sobre el caso 2008: Javier Rosado, el asesino del rol obtiene el tercer grádo 1999: Félix Martínez se rehabilita en un piso de estudiantes La de Félix, fácil de resumir: nunca tuvo hermanos, su padre ge­nético murió drogadicto y enfermo de sida cuando el niño cumplía un año, la madre mexicana, también drogadicta, conoció a su padre adoptivo cuando el chaval cursaba segundo de E.G.B. y se separaría cuatro años más tarde. Félix conocería entonces el cariño incondi­cional del nuevo padre y el desbarajuste colegial de todos los maes­tros por los que iba pasando, ya fueran de Madrid, Ibiza o La Rio­ja, según adjudicaran su estancia al lado de la madre o del padre. «Nunca hubo paz, eso no era una familia», confesaría el chico. La madre muere también de sida dos años antes del crimen y dos años después del encuentro con Javier en el campo de fútbol.
Félix, un carácter inseguro, nunca líder ni siquiera de sí mismo, lector empedernido, conoce en aquel campo a otro lector más empe­dernido, un fulano con una seguridad en sí mismo extraordinaria, alguien con frases del tipo «las mejores drogas están en la cabeza de uno», solitario, bien educado, taciturno y didáctico: Javier Rosado Calvo, vecino de Félix en una calle de Chamartín donde los pisos de cien metros cuadrados cuestan hasta 30 millones de pesetas de los años noventa. El del padre adoptivo de Félix, empleado en una empresa de máquinas tra­gaperras, era tan sólo alquilado.
Javier gritaba en las gradas varios nombres pero, para sorpresa del chiquillo, aquel tipo encorvado no sabía jugar al Rol. El chasco duró sólo un segundo, porque las palabras del otro llevaban un significado aún más atractivo y profundo que el del simple juego: eran nombres, pasajes, del gran novelista de literatura fantástica H. P. Lovecraft, el genio de principios de siglo cuyos relatos de tumbas, castillos temblorosos, sueños, monstruos y nieblas llegan cargados de frases tipo: «Los hombres de más amplio intelecto saben que no existe una verdadera distinción entre lo real y lo irreal; que todas las cosas aparecen tal como son tan sólo en virtud de los frágiles senti­dos físicos [...]». H. P. Lovecraft, la pasión confesa de Javier.
«Desde que conocí a Javier y me metió en su mundo», reconoció Félix en sus exploraciones psiquiátricas y psicológicas a raíz del cri­men, «todo cambió para mí, encontré otro tipo de pensamientos le­jos de los vulgares de cada día, cambió mi interior, me entregué a es­te tipo de filosofía que era apasionante, aún me sigue pareciendo apasionante, Javier se convirtió para mí en un ser extraordinario muy superior al hermano mayor que nunca tuve, me dejé arrastrar por él [...]. Al cabo de un tiempo llegué a hablar como él y a hacer gestos como él. Él hablaba mucho mejor que yo, mis ideas me las re­batía con facilidad [...]. Todo el mundo era estúpido para él, pero yo creo que yo para él no era estúpido».
Y Javier, la otra cara de la tragedia, encontró en Félix el público de banderita y trompeta que necesitaba su egolatría, el hermano pe­queño que tampoco tuvo, porque su único hermano, un año mayor, más fuerte, vencedor en las disputas físicas, apenas se trataba con Javier. Félix sería el discípulo predilecto de una filosofía alimentada con cuatro obras de Friedrich Nietzsche, Edgar Allan Poe o Stephen King mal mezcladas y otras tantas decenas seudoliterarias, peor di­geridas.
Durante una convalecencia por lesión en una pierna, Félix le lle­va un juego del rol y Javier aprende a jugar. Al poco tiempo el en­fermo crea Razas, un juego basado en el rol. La humanidad se di­vide en 39 razas o arquetipos que él ha inventariado basándose en personajes y nombres novelescos prestados por Lovecraft. Las razas, diría Javier, son ideas humanas llevadas al extremo. La raza 37 corresponde a los psicólogos, la 25 a las mujeres, la 22 al hombre, la 1 al bien y la 7 al mal. Cuando los psiquiatras le preguntan si jugaba al Rol, hay veces en que Javier llega a enojarse y dice que su juego era mucho más importante que el rol; era Su Obra, una «filosofía total» a la que había dedicado más de mil páginas y de la que espe­raba escribir un libro.
Hasta la noche del crimen, Javier pasa por un tipo normal, sin traumas perceptibles ni siquiera por su familia. Su padre, ingeniero industrial, solía jugar al ajedrez con él, su madre, enfermera, le sa­naba las heridas, y su hermano, compañero repetidor en tercero de Químicas, aseguraba que a Javier le bastaba con asistir a clase para aprobar.
Javier no era un joven de inteligencia superdotada, en eso coinci­den profesores y psiquiatras, pero disponía de la justa para creerse con mucha, para ganar un concurso de ajedrez en la cárcel y no disimular el orgullo o para impresionar a cuatro chavales del barrio menores que él. En los dos primeros cursos de Químicas consiguió seis aprobados, dos notables y un sobresaliente. Un expediente bueno, sin más.
Personalidad, conocimientos y edad suficiente, en cualquier caso, para erigirse en Master, líder de la banda del rol, que entre bromas y veras planeó matar la madrugada del 30 de abril a la primera víctima de lo que iba a ser una serie de crímenes. Los otros dos chava­les, Javier Hugo E. S. y Jacobo P., de 17 y 18 años respectivamente, fueron encausados por conspiración para el asesinato. A Jacobo le preguntó la policía por las normas de Razas y contestó que no había normas concretas como en el fútbol: «Se trata de sobrevivir en un mundo imaginario». Unas veces había que impedir la llegada a puerto de un barco, otras, era preciso destruir una ciudad y en al­gunas ocasiones se trataba de asesinar a alguna mujer que traicionó a su raza. Todo sobre la mesa.
Jacobo declaró que cuando Javier y Félix le llevaron al descampado donde habían eliminado a un hombre y se lo confesaron, él lo tomó como una fantasmada. Javier y Félix se vanagloriaban de aquello y lo equipararon al crimen de las setenta puñaladas, perpe­trado cerca de su barrio.
Empieza el juego
Un mes antes de la noche del 30 de abril, El País publicaba el hallazgo del cadáver de un hombre con unas setenta puñaladas y los ojos sacados. La noticia no causó otro efecto en los presuntos asesi­nos que el de animarles. A partir de ahora el tablero iba a adquirir la forma de toda la ciudad, con sus cuestas, sus descampados tene­brosos, sus personajes hundiéndose en la noche; las fichas serían pu­ñales y para moverlas vendría mejor usar guantes de látex que Ja­vier tomaría de sus clases de prácticas en la facultad; las reglas, sin límite.
Félix contó a los psiquiatras: "Yo creo que todo empezó a pla­nearlo [Javier] con decisión a raíz de un libro concreto de Lovecraft: Ciclo de aventuras oníricas de Randolph Carter, y en especial el capí­tulo "A través de la llave de plata", pasaje en el que un hombre se cansó del mundo y empezó a dedicarse a sus sueños hasta que al fi­nal estos sueños invadieron su propia realidad».
Carlos Moreno, la víctima del asesino del rol Javier Rosado. Carlos Moreno, la víctima del asesino del rol Javier Rosado. La realidad invadida puede ser la de un hombre casado como Carlos Moreno, con tres hijos y amigo de una viuda también con tres hijos, con la que había pasado la noche. Carlos visitaba desde hacía cinco años la casa de su amiga Modesta L., de 51 años, desde las diez hasta la una de la madrugada. Nunca pensó en separarse, ni Mo­desta se lo pidió, ni su mujer ni sus hijos, conscientes de la relación, lo obligaron. Los viernes Carlos salía más tarde de aquella casa y aquel viernes de abril salió a las tres. Si cobraba su nómina de 60.000 pesetas, montaba en taxi hasta la otra punta de la ciudad. Y si no, el búho, que es como se conoce en Madrid a la línea de autobuses nocturnos. La noche del crimen Carlos llevaba las 60.000 pe­setas en el bolsillo, pero optó por el autobús. Y en la parada encon­tró a los admiradores de Lovecraft dispuestos a soñar sus pesadillas.
El crimen perfecto exigía, según Henry, el psicópata de la pelícu­la Retrato de un asesino, un desconocimiento total de la víctima, ningún móvil, nada. Ya lo habían avanzado la novelista Patricia Highsmith y el director Alfred Hitchcock en Extraños en un tren: si un desconocido mata a mi esposa y yo a su madre, nadie ha de sos­pechar nada; en principio.
Así que ahí llegan los dos, Javier y Félix, en busca de una vícti­ma a la que nunca han visto. El escenario no podía ser más propi­cio. Un descampado de risco y pastizal, una casa desvencijada en medio de un llano, de esas que parecen existir sólo en días de vien­to, una luna de miedo y una parada de autobús, como un oasis sin nadie.
Para acercarse a los hechos valga el diario de Javier Rosado, un texto sin precedentes en la historia criminal de España:
«Salimos a la 1.30. Habíamos estado afilando cuchillos, preparán­donos los guantes y cambiándonos. Elegimos el lugar con precisión.»
«Yo memoricé el nombre de varias calles por si teníamos que sa­lir corriendo y en la huida teníamos que separarnos. Quedamos en que yo me abalanzaría por detrás mientras él [por Félix] le debilita­ba con el cuchillo de grandes dimensiones. Se suponía que yo era quien debía cortarle el cuello. Yo sería quien matara a la primera víctima. Era preferible atrapar a una mujer, joven y bonita (aunque esto último no era imprescindible pero sí saludable), a un viejo o a un niño. Llegamos al parque en que se debía cometer el crimen, no había absolutamente nadie. Sólo pasaron tres chicos, me pareció de­masiado peligroso empezar por ellos [...]. En la parada de autobús vimos a un hombre sentado. Era una víctima casi perfecta. Tenía ca­ra de idiota, apariencia feliz y unas orejas tapadas por un walkman.»
«Pero era un tío. Nos sentamos junto a él. Aquí la historia se tornó ca­si irreal. El tío comenzó a hablar con nosotros alegremente. Nos con­tó su vida. Nosotros le respondimos con paridas de andar por casa. Mi compañero me miró interrogativamente, pero yo me negué a ma­tarle.»
Félix no supo explicar después por qué Javier le perdonó la vida. Y el otro nunca lo contó.
«Llegó un búho y el tío se fue en él [...].»
«Una viejecita que salió a sacar la basura se nos escapó por un minuto, y dos parejitas de novios (¡maldita manía de acompañar a las mujeres a sus casas!).»
«Serían las cuatro y cuarto, a esa hora se abría la veda de los hombres [...]. Vi a un tío andar hacia la parada de autobuses. Era gordito y mayor, con cara de tonto. Se sentó en la parada.»
« [...] La víctima llevaba zapatos cutres y unos calcetines ridícu­los. Era gordito, rechoncho, con una cara de alucinado que apetecía golpeada, y una papeleta imaginaria que decía: "Quiero morir". Si hubiese sido a la 1.30 no le habría pasado nada, pero ¡así es la vida!»
«Nos plantamos ante él, sacamos los cuchillos. Él se asustó mirando el impresionante cuchillo de mi compañero. Mi compañero le mira­ba y de vez en cuando le sonreía (je, je, je).»
Félix alegó dos meses después ante la policía que se encontraba algo bebido y que le daba miedo desobedecer a su amigo.
«Le dijimos que le íbamos a registrar. ¿Le importa poner las ma­nos en la espalda?, le dije yo. Él dudó, pero mi compañero le cogió las manos y se las puso atrás. Yo comencé a enfadarme porque no le podía ver bien el cuello.»
«Me agaché para cachearle en una pésima actuación de chorizo vulgar. Entonces le dije que levantara la cabeza, lo hizo y le clavé el cuchillo en el cuello. Emitió un sonido estrangulado. Nos llamó hi­jos de puta. Yo vi que sólo le había abierto una brecha. Mi compañero ya había empezado a debilitarle el abdomen a puñaladas, pero ninguna era realmente importante. Yo tampoco acertaba a darle una buena puñalada en el cuello. Empezó a decir "no, no" una y otra vez. Me apartó de un empujón y empezó a correr. Yo corrí tras él y pude agarrarle. Le cogí por detrás e intenté seguir degollándole. Oí el desgarro de uno de mis guantes. Seguimos forcejeando y rodamos. "Tíralo al terraplén, hacia el parque, detrás de la parada de auto­bús. Allí podríamos matarle a gusto", dijo mi compañero. Al oír es­to, la presa se debatió con mucha más fuerza. Yo caí por el terraplén, quedé medio atontado por el golpe, pero mi compañero ya había ba­jado al terraplén y le seguía dando puñaladas. Le cogí por detrás pa­ra inmovilizarle y así mi compañero podía darle más puñaladas. Así lo hice. La presa redobló sus esfuerzos. Chilló un poquito más: "Jo­putas, no, no, no me matéis".»
«Ya comenzaba a molestarme el hecho de que ni moría ni se de­bilitaba, lo que me cabreaba bastante [...]. Mi compañero ya se ha­bía cansado de apuñalarle al azar [...].»
«Se me ocurrió una idea espantosa que jamás volveré a hacer y que saqué de la película Hellraiser. Cuando los cenobitas de la pelí­cula deseaban que alguien no gritara le metían los dedos en la boca. Gloriosa idea para ellos, pero qué pena, porque me mordió el pulgar. Cuando me mordió (tengo la cicatriz) le metí el dedo en el ojo [...].»
«Seguía vivo, sangraba por todos los sitios. Aquello no me impor­tó lo más mínimo. Es espantoso lo que tarda en morir un idiota [...].»
Carlos Moreno Fernández fue un idiota que trabajó desde los ocho años como aprendiz de relojero, un obrero que con el oficio más que aprendido se quedó en paro desde hacía nueve años y padeció de nervios hasta que su esposa lo colocó en la empresa de limpieza El Impecable Ibérico, probablemente un nombre estúpido también; Carlos Moreno Fernández fue un idiota que no consintió jamás la entrada de un fontanero, un albañil o un electricista en casa porque él solo se bastaba para arreglarlo todo, un hombre idiota que a fuer­za de trabajo había conseguido dinero para educar a sus tres hijos, que sabía cocinar y le encantaba cuidar flores, un hombre que huía de los televisivos «Quién sabe dónde», «Su media naranja» y «Códi­go Uno», porque le parecían «programas para marujas». Un hom­bre. Con sus aspiraciones a corto y largo plazo, sus pequeños y gran­des recuerdos, reducidos a un charco y un bulto entre las piedras.
«Vi una porquería blanquecina saliendo del abdomen y me dije: “Cómo me paso” [...].»
«A la luz de la luna contemplamos a nuestra primera víctima. Sonreímos y nos dimos la mano [...]»
«No salió información en los noticiarios, pero sí en la prensa, El País, concretamente. Decía que le habían dado seis puñaladas entre el cuello y el estómago (je, je, je). Decía también que era el segundo cadáver que se encontraba en la zona y que [el otro] tenía 70 puña­ladas (¡qué bestia es la gente!) [...]»
«¡Pobre hombre!, no merecía lo que le pasó. Fue una desgracia, ya que buscábamos adolescentes y no pobres obreros trabajadores. En fin, la vida es muy ruin. Calculo que hay un 30% de posibilida­des de que la policía me atrape. Si no es así, la próxima vez le toca­rá a una chica y lo haremos mucho mejor.»
Como no había nada que lamentar, sino todo lo contrario, la ha­zaña corrió de boca en boca entre la banda del rol. Así hasta que se enteró un amigo de ellos que se lo contó en confesión a un cura, des­pués al padre, y el padre lo puso en conocimiento de la policía.
Batallones de periodistas y psiquiatras comenzaron sus investiga­ciones. Nunca hasta este entonces se había dado en España un caso semejante.
Pascual Duarte, el genuino personaje de Camilo José Cela, co­menzó sus fecharías porque pensó que la perra le miraba mal. De un tiro la mató.
El ejecutivo rico, vacío y psicópata que protagoniza la novela del estadounidense Bret Easton Ellis narra con algunos años de antela­ción a Javier y con parecida frialdad su asesinato del mendigo: «Luego le corto el globo ocular... y él empieza a gritar cuando le cor­to la nariz en dos, lo que hace que la sangre me salpique un poco». El ejecutivo producto de la ficción contaba con el móvil filosófico de que los perdedores no cuentan en esta vida. El existencialista de El extranjero que inmortalizó Albert Camus en 1942 mató porque le atormentaba el calor, el resplandor insoportable del mar. A Javier y a Félix sólo les movió el juego.
Siete meses después del crimen, Félix Martínez, el compañero del autor del diario, declaró al psiquiatra José Cabreira, del Instituto Na­cional de Toxicología: «Después de leer todos los artículos de prensa que han hablado de nosotros, todo me parece basura periodística exagerada para distraer a la opinión pública de otras cosas más im­portantes. En particular se ha exagerado con el diario de Javier, en el que yo sé que lo que escribió estaba muy exagerado y fantaseado, es­cribió lo que él cree que pasó y en él es donde me inculpa. Además lo escribió muy deprisa, en dos o tres días, enseñándoselo luego a ami­gos comunes».
Javier también culpa a la prensa de su situación. Ninguno de los dos amigos ha hablado con rencor del otro. «Le llegué a idealizar», confesó Félix, «ése fue mi error y otro error, dejarme llevar demasiado». Para después añadir sin reparos: «Me dejé engañar, era cons­ciente de que me dejaba llevar, pero siempre aprendía algo».
Un monstruo
Félix sigue teniendo la impresión de que su amigo era un su­perdotado: «Javier es casi un inútil, alérgico, miope, con diarreas... Tiene de todo, incluso un estómago que es un caso único... Sin embargo en la parte mental es un monstruo... ».
Con un monstruo así era imposible que la policía los descubriese.
La banda confiaba en el Master, aunque no sabían que habían deja­do intactas las 60.000 pesetas en la chaqueta del idiota, con lo cual, la policía empezó a descartar el móvil del robo.
Nada más asesinarlo, Javier dedicó una ficha a Carlos con el nombre de Benito, el mismo que un profesor de Químicas. Lo dibu­jó con su bigote, con la bolsa donde guardaba su mono de trabajo, y puntuó sus cualidades: Fuerza 8, Poder 6, Carisma 4, Inteligencia 6, Tamaño 15, Voluntad 16.
Había que proseguir rellenando fichas, más cadáveres sobre la tumba del tablero, homicidios en serie, con la perseverancia de Jack el Destripador o sus secuaces anglosajones. Cuando fueron detenidos se disponían a salir de nuevo de cacería con los guantes de látex. Pe­ro a sus espaldas olvidaron una cosecha de pruebas. Restos de guan­tes en la cara del idiota, el reloj de Félix perdido en la pelea, el diario, el famoso diario en casa. Cuando la policía detuvo a Javier aún lleva­ba el dedo vendado que aseguró en el diario haberse herido al meter­lo en la boca del idiota. Se encaminaba a la casa de Félix, a veinte me­tros de la suya, con un paquete de guantes en la mano. Félix se derrotó enseguida, lo que en lenguaje policial significa ni más ni me­nos que reconoció todo. Entre sollozos declaró que el plan consistía en matar esa noche tórrida del 5 de junio a una chica y para eso los guantes. Pero Javier no se arredró ni por los agentes de la brigada de la Policía Judicial de Madrid, ni por las pruebas que le colocaban de­lante de su considerable nariz, ni por la lectura en vivo del diario.
–¡Dios mío, no puedo creer que yo haya hecho eso! Tengo la du­da de que sea verdad o ficticio.
–Si a las cuatro de la mañana –le preguntaba el policía– no esta­bas dando 20 puñaladas a un hombre, ¿qué hacías?
–Creo que estaba jugando al ordenador, no recuerdo bien. Después de los agentes llegó el batallón de psiquiatras a la cárcel.
Cada uno con sus entrevistas, con parecidas preguntas y distintas conclusiones. Si estaban locos, ningún crimen podría imputárseles; y si no, la condena sería por homicidio. Psicóticos o psicópatas, ése era el dilema.
Los psicóticos no son responsables de sus actos, los psicópatas, sí.
Los primeros se libran de cualquier condena, los segundos no. En el psicótico no existe conciencia del yo, en el otro, sí.
Los padres de Javier Rosado contrataron los servicios del profe­sor de Psiquiatría Forense de la Universidad Complutense de Ma­drid José Antonio García Andrade. El doctor se quedó extrañado de que su cliente declarase un cariño enorme por su padre, al tiempo que desconocía su edad y profesión. De la madre decía que trabaja­ba de ATS porque de vez en cuando le sanaba alguna herida.
Le confesó a García Andrade que de entre las razas, la que más le ha influido, la que más se asemeja a su persona es Cal, a quien de­finió como «un niño frágil, a veces una mujer rubia, que emana tal sufrimiento que es difícil acercarse a ella, aunque es peor cuando sonríe o tiene la cara machacada». Y aseguró: «Sin Cal yo no sería lo que soy. Con él aprendí a aprender. Lo conocí en 1988; Cal es do­lor; el bendito sufrimiento; ama los cuchillos, los objetos punzantes o cualquier cosa que pueda producir dolor, aunque lo que más le fas­cina es el dolor del alma».
De Cal aprendió Javier su simple teoría sobre la vida: «Aprender a usar el dolor es disfrutado como el placer. El dolor de los puntos de sutura que me dieron en la rodilla cuando tuve un accidente es mayor que el orgasmo con una mujer. El dolor es mejor que el pla­cer y más barato. La gente confunde al cenobita con el masoquista, pero no son lo mismo; éste disfruta siendo humillado y al someter­se, pero el cenobita disfruta al sufrir, porque con el dolor saca conocimiento. Cal dice que cometió el crimen del que se me acusa. Lo ha­ce para dañarme, para enseñarme, para causarme pena, desespera­ción, pero Cal no mata, sólo tortura».
¿Loco o actor? El 8 de octubre de 1994 le reveló a García Andra­de que el primer golpe a la víctima fue con un cuchillo pequeño de conchas naranjas. Le dio en el mentón y en la cara anterior del cue­llo y señaló el movimiento de su víctima bajando la cabeza hacia el tórax. García Andrade le hizo ver que este dato no venía en los pe­riódicos. Javier sintió miedo por primera vez, al menos, eso es lo que el forense contratado por su familia reseñó. «Estoy al borde de la lo­cura, necesito ayuda», cuenta el psiquiatra que dijo Javier, «es ver­dad, esto no venía en la prensa. Hay veces en que yo no miro, no veo, no siento, no huelo, no me fijo, no es una mente, es una máquina, tienes que hacer una cosa y la haces. Eso ocurrió».
En ese momento de la entrevista solicitó que se le sometiese al Suero de la Verdad, y se sumergió, según Andrade, en una gran an­gustia.
¿Loco o actor? Para el psiquiatra contratado por su familia, Ja­vier está loco, por tanto no se le podría imputar delito alguno. García Andrade sostiene que este chico de «inteligencia de tipo medio, con buena capacidad de abstracción y de síntesis» padece una «es­quizofrenia paranoide, además de personalidad múltiple psicótica y amnesia disociativa». Psicótico pues, sin lugar a la condena, además de esquizofrénico y con problemas de memoria.
Para el doctor, el juego no fue la causa de sus enfermedades, si­no precisamente la máscara. Dos años después del crimen, Javier se­guía jugando a Razas en la cárcel.
Pero el dictamen de García Andrade no era más, ni menos, que un estudio de parte, es decir, algo que había que contrastar necesa­riamente con otros estudios.
La titular del juzgado de instrucción número cinco de Madrid encargó otro informe a las psicólogas adscritas a la clínica médico-forense de Madrid Blanca Vázquez y Susana Esteban.
Cuando Javier les empieza a hablar de su perro Atila dice: «El pe­rro es una magnífica persona, cuando lea la prensa ya sabrá él a lo que me refiero».
Javier se declara ratón de bibliotecas, con más de 3.000 volúme­nes en su casa, y las psicólogas corroboran que el preso cuenta con cierto bagaje de cultura fantástica, pero no sabe quién es Martin Luther King, por no hablar de temas corrientes como ecología o Ter­cer Mundo, de los cuales asegura desconocer todo.
El dilema
¿Loco o actor? El informe de las psicólogas lo califica de psicópata pero... «este diagnóstico implica un trastorno de personalidad que no afecta en absoluto a su capacidad de entender y obrar [...]. El sujeto sabe lo que quiere hacer y quiere hacerlo cuando lo hace». Por tanto, susceptible de condena.
El informe de las psicólogas es bastante más duro que el del psi­quiatra contratado por la familia. Para ellas, Javier Rosado jamás se ha creído ser una de sus razas, sino que las conoce y controla a su voluntad y siempre desde una perspectiva de observador. Y conclu­yen: «Se trata de un sujeto altamente peligroso [...]. Bajo circuns­tancias favorables podría cometer cualquier crimen violento y sádi­co. Odia a la sociedad y a las personas, con las que no se siente implicado más que de forma racional. Busca activamente reconoci­miento social».
Blanca Vázquez y Susana Esteban concluyen su estudio de 21 pá­ginas el 7 de octubre de 1994. Doce días después Juan José Carras­co Gómez y Ramón Núñez Parras, especialista en psiquiatría el pri­mero y médicos forenses ambos adscritos a los juzgados de la plaza de Castilla, presentan a petición de la juez otro estudio sobre Javier de 51 páginas. Ambos análisis, el de ellas y el de ellos, se habían efectuado de forma paralela a petición de la juez y de eso se queja­rían por escrito Carrasco y Núñez al entender que «los retests practi­cados en fechas cercanas pierden fiabilidad».
Unos y otras se encierran con el preso, visitan a sus familiares, analizan sus escritos y, al emitir sus dictámenes, se contradicen. Ca­rrasco y Núñez sostienen que cualquiera de las múltiples personali­dades de Javier «pueden tomar el control absoluto de la conducta». O sea, exento de penas.
Aunque también hacen reseñar los doctores que tanto su madre como su hermano mayor no habían observado antes del crimen nin­gún comportamiento en Javier sospechoso de tratamiento psiquiátrico. Ni alteraciones de memoria, ni manifestaciones de las distintas personalidades, ni soliloquios. Siempre fue muy estudioso, introver­tido y lector infatigable. Nunca pensaron que precisase de psicólogos, aunque una vez en la cárcel comenzaron a verle con trastornos serios en sus visitas.
En una de sus entrevistas los dos psiquiatras llegan a plantearse si Javier actúa en plan estratega, porque alguna vez les había ad­vertido que durante su estancia en prisión iba a resucitar a Wul, el estratega que estaba adormecido, para defenderse así de funciona­rios, médicos y otros presos.
Tras varias horas de entrevistas con el recluso y su familia, tras consultar las más de 1.000 páginas que Javier escribió sobre su jue­go, además de bibliografía y jurisprudencia sobre personalidad múltiple en Estados Unidos, Carrasco y Núñez concluyen que sus tras­tornos no están buscados conscientemente como coartada porque sería muy difícil de simular un cuadro clínico de tanta riqueza, ex­presividad y contenidos. Resumen: enajenación mental completa. En cuanto a las posibilidades de cura, «no existe ninguna cuya indica­ción sea garantía de una evolución favorable».
Sin embargo, Javier Saavedra, el abogado de la familia de la víc­tima, asesorado por psiquiatras especialistas en casos de múltiple personalidad, sostiene que Javier es un psicópata dueño de todos sus actos. «Si hubiera encontrado junto a la víctima a un guardia civil, un psicótico habría cometido el crimen igualmente, pero Javier Ro­sado, no: él discernía el peligro. El psicótico puede ver perturbados sus sentidos afectivos, pero no es frío como el psicópata.»
Carlos Fernández Junquito, médico psiquiatra del Hospital Ge­neral Penitenciario, vio a Javier como una persona con la afectivi­dad prácticamente abolida. «Cierto día, estando presente en la en­trevista la psicóloga de la Unidad, le dijo: "Puede usted quedarse, es como el teléfono".»
Pero el psiquiatra Fernández Junquito le diagnosticó el 18 de oc­tubre de 1994, en el informe más breve de los tres elaborados, es­quizofrenia paranoide, algo que desecharon otros doctores.
Para el letrado Saavedra, Javier Rosado no sólo está exento de cualquier tipo de esquizofrenia sino que se trata de un psicópata res­ponsable y consciente de todo lo que hizo: «El lenguaje del psicópa­ta es estructurado, racional y lógico, como el de Javier; los psicópatas_ son seres racionales, muy manipuladores, engañan mucho, ambicio­nan el poder y para ello se valen del lenguaje, mientras que el psi­cótico pasa del poder. En el momento en que lo cogieron no es un psicótico, aunque después haya desarrollado una psicosis».
Javier se consideró impotente ante los psiquiatras para saber si él había cometido el crimen. Aseguró que si intentara averiguarlo se podía declarar dentro de su cabeza una guerra civil entre las razas, como la que sufrió con 17 años: «Hubo una rebelión en COU que fue la guerra de los Maras... fue cuando tuve el desengaño amoroso, mi depresión, Mara contra Fasein». Para investigar sobre aquel cri­men dijo que tendría que atravesar pasillos de su cerebro muy peli­grosos, porque hay razas que no dejan pasar a nadie por allí.
El 22 de junio de 1994 Javier salió esposado de la cárcel de Val­demoro para que lo examinara en los calabozos de la plaza de Cas­tilla un forense. En el trayecto del furgón a la cárcel, un redactor de El País le preguntó:
–Javier, ¿te arrepientes de lo que has hecho?
–Yo no he hecho nada –contestó con la cabeza gacha para eludir las fotos–, yo no he hecho nada.
Uno de los guardias civiles que lo custodiaban le levantó la cabe­za agarrándolo por la nuca y le dijo:
– ¿Que no has hecho nada, cabrón?
En la cárcel, algunos presos mucho más fornidos que él le respe­tan y le temen por el halo de inteligencia que le ha otorgado la pren­sa y sus partidas de ajedrez.
Pero su compañero Félix fue a parar a un pabellón de adultos donde los otros presos, en un alarde de originalidad, lo han bautiza­do con el alias de Niño.
Los psiquiatras Carrasco Gómez y Núñez Parra señalan que a pe­sar de todo Félix seguía admirando a Javier y se mostraba interesa­do por lo nuevo que podía estar escribiendo su amigo en prisión sobre Razas. «Ahora seguro que utiliza la raza 17, Wul, y la 18, la serpiente de lengua bífida, que intenta convencer haciendo daño a otros, implicar a otros para salvarse él mismo ... y es posible que Fa­sein pueda cortarse los dedos, Fasein es el que se automutila, que aprende con el sufrimiento, que se va cortando los dedos y va apren­diendo ... »
Félix a veces también duda de su personalidad: «No estoy seguro de haberlo hecho... pero quizás no fuera yo en ese momento... esta­ba muy identificado con Javier... me he metido en un lío... [sollozos], de una broma de matar a alguien nunca pensé que fuera a suceder lo que sucedió».
Mientras esperaban la sentencia del juez, Javier seguía jugando a sus Razas, inventando alguna de ellas basada en la persona de un policía que le interrogó, y Félix se entretenía con poemas como este que escribió antes del crimen:
Quiero romper las cadenas de la muerte
y volar por estepas infinitas
con un caballo de alas marchitas
cantando con el grito de un demente.
Pasarán estaciones pequeñitas
en el ritmo incesante de mi mente
con mi amargo recuerdo tan caliente
soñarán las mujeres más bonitas.
Mas te recuerdo y en mi memoria gritas.
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2017.04.15 06:32 Direccionalista [CRITICA] Me gustaría escribir!

Que tal, en la actualidad me gustaría aprender a escribir y quiero hacer una novela. Mi intención es postear lo que llevo y que ustedes me digan que opinan y que me corrijan, muchas gracias de antemano.
*Llegan a un bar, solo se burlan de la película, pero en su mente intenta recordar a la chica como se veía, como si intentara compararla con las demás chicas del lugar, ojea a las demás personas del bar, a lo que súbitamente se da cuenta que ella está ahí, pero el inmediatamente se voltea para no ser descubierto, intenta verla por asomo *
La noche pasa sin ninguna novedad, de vez en cuando la observa, se pregunta y si de verdad voy? - ¿Porque no? - Claro que no, no funcionaria - Pues él “no “ya lo tienes, además mira, solo viene con amigas, talvez no tenga un novio - No tiene caso, yo no soy así - ¿Entonces cómo eres? - ¿Más tranquilo, no tan temerario? - Eres un ridículo eso es lo que eres, bueno entonces intenta un acercamiento indirecto - ¿Algo como que? - Pues hay diferentes grados y formas, por ejemplo, si solo la quieres ver bien pasa cerca por ahí, haz como que vas al baño o a pedir algo de la barra, porque ahora que entro en razón el baño está en la dirección opuesta - ¿Que solo valla a pedir algo para verla de cerca? - Pues sí, ¿no? Si con eso no te conformas intenta alguna otra cosa, porque suena difícil que consigas algo más que no sea un rápido vistazo, al menos de que se levante se tope contigo derrame algo sobre ti te pida perdón y aproveches para conocerla, hablen sobre lo malo que fue la película, queden para platicar por FB, salgan algún otro día se enamoren te cases con ella y sean felices para siempre - ¿Tu crees? - … ve por algo a la barra
**CAMBIO DE CAPITULO * Enséñame a conjugar
**CAMBIO DE CAPITULO * Platica con amigo, El - qué tal? -si pues, no es fácil de decir -porque? -esta estúpida e infantil contradicción -haha -en serio -…. - Siento el tiempo, siento que es efímero cuando estoy con ella, tan rápido como un parpadeo, tan veloz como un instante, tan fugaz como el brillo que se refleja solo por asomo -haha no seas ridículo -por el otro lado siento que dura para siempre, siento que mis pensamientos discuten por horas y horas sin llegar a una conclusión y antes de que me dé cuenta ya le dije alguna estupidez sin sentido, también me pregunto qué piensa ella de mí, una duda que parece eterna, parece que la tengo desde que la conozco -aja -y tengo miedo de tener esa duda por siempre -no te preocupes, nadie vive para siempre -mientras yo esté consciente así va ser, “mi” para siempre, el para siempre de alguien más es ajeno a mis pensamientos y menos cuando mi cabeza está llena de dudas sobre ella, de dudas sobre mí, de dudas sobre nosotros -tienes un “nosotros”? - sí, ¿no? Aunque fuese un nosotros como amigos, nosotros como conocidos o nosotros como extraños, aunque sea un nosotros como fantasía, siempre existe un nosotros. -haha creo que lo piensas mucho y tus problemas son muy sencillos -es lo que más me molesta, estoy consciente de que mis pesares son una ridiculez en comparación, no estoy haciendo más que imaginar problemas como un adolecente, pero eso también es culpa de ella, ella me pone así, esto no me pasa por ninguna otra -ahora es culpa de ella? -claro, siempre lo es… -hahaha -cuando haces algo y tienes a alguien en mente lo haces por esa persona -hahahaha o para sobrevivir, digo tu sabes, funciones básicas e instintos hahahaha -no… me refiero a porque no tendría caso! Si te levantas y piensas en ella es porque esperas ese día poder verla o hablarle, bajas y desayunas, aunque no tengas hambre porque con el estómago vacío te podría traicionar y sonar y hacerte ver mal enfrente de ella, eso sería vergonzoso además dicen que si ayunas pudieses tener mal aliento y entonces te daría pena hablar con ella, y tú quieres llegar con toda la confianza del mundo y hablarle -estás loco viejo -después estudias o trabajas porque estás pensando en todas las cosas que podría querer ella, al final del día haces más actividades, talvez tocas el piano porque piensas que ella es interesante y no te puedes quedar atrás. Finalizas con un poco de caminata por el parque porque pues, se ve que ella se cuida y piensas que obviamente ella buscaría lo mismo, ¿porque buscaría menos? ¿Porque ella que es tan perfecta se conformaría con menos de lo que ella te da? No tiene sentido, si al final lo que quieres es que ella te tenga y nada más, con eso en mente te vas a dormir por las noches o quizás primero veas esa serie que ella te recomendó porque esta “buenísima” y es buen tema de conversación cuando no te salen tus palabras, solo usas los diálogos y das una opinión positiva, a veces cambias y le dices que no te gusto porque quieres ser interesante para ella -… - después de todo esto te vas a dormir pensando en que mañana será otro día, otra oportunidad para acercarte a ella, porque si no, qué sentido tiene esta vida si no está ella -haha entonces insinúas que, si ella no te amara y se casara con alguien más, tu vida no tendría sentido? ¿Te suicidarías? -por supuesto que no, no sería capaz de hacerle eso a ella…. Viviría con el dolor y la amargura, pero no me mataría, jamás, porque sé que eso le haría daño a ella… -pero que idioteces dices? -lo que siento. Siento que puedo seguir viviendo sabiendo que ella es feliz y eso me haría feliz a mí también, creo -No sería una felicidad falsa o postiza, estas siendo muy positivo y compulsivo, creo que se volvió una obsesión, eso que en tu mente es una bella fantasía -cuál es tu obsesión para seguir vivo? -hahaha no tengo ninguna razón para no querer estar vivo -entonces solo vives porque no estás muerto? -hahaha no seas ridículo, tengo una buena vida. Mi familia está completa y tiene sus problemas, pero nada del otro mundo, logre acabar la carrera que amo para conseguir trabajar en lo que me gusta y aunque no tengo novia me rodeo de muchos amigos y amigas que me hacen feliz, no sufro de ninguna enfermedad degenerativa hahaha y tengo una estabilidad económica bastante buena para alguien de mi edad -me da gusto escucharlo -a mí me da contártelo, porque eres parte de mis amistades y me preocupas viejo - haha es que no conoces lo que es solo querer vivir por alguien -no seas tan dramático hahaha esto te ha pasado antes, no sabes si ella es la elegida o si solamente es una chica más -una chica más? ¿Pues cuantas abre tenido? -que yo te conozca? Aparte de esta al menos dos más, ¿hahaha y en tu cabeza? Uffff me imagino que la cuenta no acaba hahahaha -tu crees? -estoy seguro, somos superficiales por naturaleza, no hay duda… todo lo que crees sentir en realidad son reacciones químicas que todos tenemos, es completamente normal. Lo que me saca de onda es la obsesión, la fijación con la que te lo tomas, y aun así no demuestras nada. Te ves como cualquier otro sujeto que intenta coquetear con ella, te ves tan normal como todos los demás -esa es la idea, no creo que ella se encuentre interesada en algún tipo raro -haha entonces si supiera que eres un raro… -no no no, no digas eso -estoy jugando hahaha y lo sabes -ves por eso no quería contarte como me siento, sabía que te ibas a burlar -haha perdón, pero para eso estamos los amigos no? -… -haha así soy disculpa, pero en parte entiendo cómo te sientes y creme respeto tus sentimientos y los tomo en serio, es por eso mismo que me angustio un poco al saber que te sientes así -no te angusties viejo, solo porque pensamos diferente -hahaha tienes razón cada cabeza es un mundo distinto al de todos los demás -ella es mi mundo -sí, si ya te escuche -… -entonces que planeas hacer? ¿Planeas averiguar que siente ella por ti o solo te quedaras aquí viendo la computadora? -sería muy tonto de mi parte intentar algo atrevido como preguntarle directamente o algo por el estilo, llevo mucho tiempo platicando con ella y conociéndola, esperando que ella también me conozca un poco - y si tardas demasiado - ahí siempre está la duda, no hay forma de anticipar el futuro, hago mis predicciones, pero tanto pudiese tener razón como equivocado, yo creo que hay más… -no te vuelvas a poner todo poético -sí, hay más, puede que sea demasiado tarde desde el primer día que le hable, talvez si hubiera realmente nacido para amarla la hubiera conocido antes, bajo otro camino y en otras circunstancias - no que estabas muy seguro de que naciste para amarla? -te lo dije, las dudas… son muchas y la gran mayoría se quedarán así, como simples dudas como simples preguntas, que lo único que se con certeza sobre ellas, es que nunca se van a contestar. Pero en realidad no necesariamente necesite contestarlas, sino más bien que debe pasar algo para que ya no me importen, ¿sabes a lo que me refiero? -no tengo ni idea… -si es como cuando me pregunto si pude haber estado en algún lugar para enamorarla o si había un lugar al que pude haber ido para haber estado con ella en algún momento para poder hacerla sentir atraída a mí, pues esas dudas dejarían de importar, si ella fuese mía, porque sabría que lo logre y no tendría caso pensar en lo demás cuando al final lo logre -no sé cómo explicarlo, pero siento que estas mal -ya tampoco se explicarlo y siento lo mismo -pues no eres más que un manojo de dudas -pues sí, pero de lo único que estoy seguro es que la amo, la amo tanto que sonrió por las mañanas cuando pienso en ella y duermo como un niño embelesado y sonriente porque antes de acostarme sin falta paso al menos 30 minutos todas las noches pensando, como seria a futuro nuestra vida juntos, me imagino como seria estar con ella, a veces con hijos , a veces solos los dos desnudos en la cama, mirándola mientas me mira, amándola mientras me ama, soñándola mientras me sueña, viviendo mientras viva y apreciando lo mismo que ella aprecia. Me meto a mi mundo de fantasía que yo mismo ideó bajo la percepción de que lo que sueño es puramente romántico, que es perfecto, que no hay prejuicio en nuestro amor, pero esencialmente sueño que... ella me ama. Eso es lo que más anhelo. -de cierta forma me parece muy bonito y todo, pero que haces antes? ¿Todo es ella? -pues claro, antes de entrar a mi burbuja de fantasía, llego a la sala de análisis de mi mente, un lugar más frio más claro, más calculado, hago un recuento de todas las interacciones que tuve en el día con ella, después las relaciono con otras interacciones, con toda esta información empiezo a idear estrategias para acércame más a ella, planeo platicas, temas de conversación. Analizo sus palabras detalladamente para que no se me valla a escapar ningún mensaje oculto entre sus oraciones, entre sus expresiones, entre los que nos rodean. Tengo que interpretar también sus alrededores, hay que saber cuándo es buen momento para charlar o cuando seria solo incomodo o te volverás una molestia para ella, es normal que este ocupada y no pueda estar con ella en cada momento. -reitero, si eres un enfermo -talvez… haha, pero créeme que lo hace todo el mundo, seguramente también lo haces -haha noooo, yo no soy un enfermo -entonces eres estúpido? Haha es broma, no, lo haces, pero no te das cuenta, igual que yo planeas, creas estrategias y simulas escenarios en tu mente y optas por tomar el acercamiento que te de mejores resultados, la prueba de ello es el hecho de que estés aquí platicando conmigo, siempre hay un porque… -…. -y es por eso mismo que es importante, probablemente no soy el único con interés seguramente hay otros chicos planeando y trabajando duro para conseguir su corazón, el cual no merece menos que eso -no que serias feliz, aunque ella estuviese con alguien más? -pues sí, pero, ¿qué tal si yo la puedo hacer feliz? Estoy consciente, admito que soy egoísta porque a pesar de todo lo que dije y por más bello y dulce que te lo cuente debo admitir que todo esto en parte es porque la quiero para mi -aja -pero no me lo tomes a mal, si, la amo y quiero hacerla feliz, quiero que sea feliz conmigo, quiero que este a mi lado, soy un poco egoísta pero mi amor va más allá de eso, porque la amo y la adoro tanto que hasta duele, que hasta paso las horas perdiendo la vida, haciendo las cosas en automático, haciendo las cosas solo porque estoy ahí, la amo tanto que puedo pasar por mil tormentos pero si estoy pensando en ella, no tengo tiempo para sufrir, ella es todo lo que tengo en mi conciencia, es todo lo que importa, la amo tanto que sé que estoy mal, la amo tanto que la desesperación que me causa cuando tengo dudas referentes a ella me rompe el alma, me decepciona, me estresa, me causa este problema existencial, en el que quisiera solo vivir para ella y que ella viviera para mi por siempre… pero sé que no es posible. Sé que eso no existe y me decepciona, pero la frustración baja porque imagino que ella me abraza y me dice que todo va a estar bien, entonces en ese momento puedo volver a aceptar el hecho de que solo soy un chico, soñando despierto, acepto que soy finito y no aspiro a ser algo más, todo se vuelve más real y lentamente ella me saca de esa burbuja de dudas y frustraciones, para empezar a imaginar, como cada noche, de nuevo una vida con ella y me pregunto a mí mismo. Que será esta noche? Pero que idiota soy, pensaras, siempre tengo la duda de que es lo que voy a imaginar, créeme es cierto, nunca se o estoy seguro de lo que voy imaginar! Pero siempre es de algo con ella, siempre es de algo que nos causa felicidad y por eso la dejo, dejo a mi mente que tenga riendas sueltas en ese mundo, dejo que mi mente tome control de todo pensamiento, para no percibir nada en el mundo fuera de esta hermosa burbuja, dejo que me lleve por paisajes que no estoy seguro si he visto antes, ¿dejo que nos permita conocer caras de las cuales no recuerdo o talvez sí? Dejo que me guie por recuerdos de los cuales sé que no voy a recordar a detalle, porque al levantarme probablemente no recuerde exactamente las palabras que me dijo pero si recordare que eran tan bellas palabras y que eran dirigidas para mí y eso mi estimado, eso es lo que dejo que mi mente haga en ese mundo lleno de felicidad, ese mundo que está solo en mi cabeza, en el que de vez en cuando me pierdo incluso de día, y así vuelvo a estar en paz con mi imaginación, porque a pesar de que me hace tener pensamientos tan depresivos de vez en cuando, no se compara ni en lo más mínimo con la felicidad que me causa cuando me llevo a ese mundo tan bello y feliz… y puedo descansar, me siento bien y optimista para el próximo día. -wow -disculpa, haha creo que ahora si me pase -no, no, está bien -qué piensas? ¿Esta difícil no? -hahaha pues no tanto, todos tenemos esos mundos de fantasía en la mente, aunque a diferencia de ti a mí me gusta fijar esos sueños como metas y no siempre son los mismos -pero no son sueños, si no estás dormido -haha cierto bueno, esos mundos fantasiosos que imaginas -que imaginas tú? -yo? Pues creo que los míos son más genéricos haha a veces me veo como un campeón internacional de fútbol firmando autógrafos o ganando el campeonato del mundo, otros días pienso que soy el joven multimillonario más rico del mundo y que le regalo islas a toda mi familia y tenemos las cosas más lujos del mundo, a veces también sueño con ella, que es mi novia, que me caso con ella y somos muy felices -ella? -claro, crees que eres el único que puede querer a alguien? -hahaha no perdón, solo me sorprendió un poco, acaso es otra de tus víctimas? -no, igual que tu ella es un amor más sincero, más fantasioso -está bien, entiendo cómo se siente, me da gusto por ti… y no tienes miedos? ¿Ni en tus fantasías? -como? -pues me refiero a que todo con lo que fantasías es posible -haha no creo -quieres ser un buen deportista, rico y amado, hay gente que lo es, hay gente que tiene todo eso y aun así viven decepciones -sí, me pregunto en que fantasías tendrán aquellas personas que para nosotros lo tienen todo -nunca lo puedes tener todos, somos ambiciosos y egoístas por naturaleza, siempre vas a querer algo que no puedes tener -bien para mí y mal para ti -porque lo dices? -porque si lo que dices es cierto entonces yo tendré que darme por vencido en una de mis fantasías, ya sea ser deportista o rico o su amor, pero tu… tu que solo sueñas con ella, que te queda a ti sino más que perderlo todo -tienes razón y eso me asusta, pero que tal si soy la primera persona en el mundo en conseguir todo lo que desea en la vida! -hahaha creo que va más allá, creo que quieres más cosas y ni siquiera te has dado cuenta -puede ser… pero en la actualidad lo único que quiero es a ella… - bueno es tarde -sí, tienes razón, entonces te veo luego -claro, suerte -gracias, pero me esfuerzo para no necesitarla -haha puedes solo desearme surte también y ia -haha suerte amigo -gracias… y… sueña viejo, expande tu mente, hazte a la idea de que todo puede pasar, pero no dejes que te afecte tanto -no te preocupes viejo, estaré bien -eso espero haha nos vemos -Adiós- Mientras se alejaba, le miraba la espalda y empecé a imaginar que tenía alas, por la libertad con la que se expresaba de sus fantasías, por lo amplias de sus expectativas, un sentimiento que algunos lo llamaría – Envidia de la buena. -Así tome mis cosas y camine hacia mi carro pensando en todo lo que le había dicho, no fue como si sintiera que no debí hacerlo, pero tampoco fue un alivio. Solo pensaba, ¿este realmente soy yo verdad? Realmente tendré lo que se necesita para mantener en pie lo que dije, realmente me estoy esforzando tanto como alego, ¿de verdad esa persona que describí soy yo? Nunca he sido tan amable ni modesto, aunque no soy merecedor da nada en especial, en realidad me veo bastante por debajo del promedio en sí. -Talvez ella amaría a la persona que describí – sí, talvez es eso – Seguramente esa es la persona que quiero ser para ella – sin duda alguna… ¿Pero entonces, ese no soy yo? – Pues no, seguramente no – entonces que estoy haciendo, debo convertirme en esa persona… y cambiar quien yo soy…. ¿Estás seguro? – No estoy seguro de nada, más que de una sola cosa, la amo más que a nada en este mundo – entonces te arriesgaras a cambiar, y si eso no es lo que ella quieres -Pues volvería a cambiar –. realmente puedes hacer eso? Con las palabras que usaste describías a alguien que es sin duda, es mucho mejor de lo que eres actualmente. -Así es ella -Así como? -Siempre sacando lo mejor de mí. -sin duda alguna puedo decir que estás loco. -Si yo mismo me lo digo debe ser cierto, estoy loco por ella. -y como vamos a empezar este cambio “trascendental” en tu vida que te llevara al amor de tus sueños? – Ni idea. -creo que hay que empezar con las pequeñas cosas, un cambio a la vez… y de ser posible hacer que ella note los cambios, si eso estuviera muy bien, podríamos ver si hay respuestas positivas o negativas ante los cambios y de esa manera no tendrías que ser una persona diferente de golpe, solo tendríamos que volvernos poco a poco en el hombre de su sueño – Que raro que piense en plural – aaaa es cierto, bueno recuerda que estás loco – hahaha alguien pasa por el estacionamiento y se le queda viendo porque se rio solo camino rápido para sacar las llaves e irme Tengo muy mala memoria, sin duda alguna debo anotar mis cambios y progresos en un doc. Pero y si llegases a convertirte en alguien más, no tienes miedo, ¿el dejar de ser tú? Tonterías todos los años nos volvemos un yo diferente, estamos destinados a cambiar, no somos los mismos que cuando éramos niños, nuestras células han cambiado, siempre somos diferentes personas a lo largo de nuestras vidas… ¿porque le tengo tanto miedo al cambio? Quien sabe lo que vaya a pasar… Nunca sabemos que va a pasar y aun así seguimos con nuestras vidas… ¿Por ella verdad? Siempre por ella.
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