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El malentendimiento y la deformación de las teorías de Marx (7)

2015.11.18 12:50 qryq El malentendimiento y la deformación de las teorías de Marx (7)

El trabajo está enajenado porque ha dejado de ser parte de la naturaleza del trabajador y <>. Así, en el acto de la producción la relación del trabajador con su propia actividad se experimenta <>. Marx subraya dos puntos: 1) en el proceso del trabajo, y especialmente del trabajo en las condiciones del capitalismo, el hombre se enajena de sus propias facultades creadoras y 2) los objetos de su trabajo se convierten en seres ajenos y llegan a dominarlo, se convierten en fuerzas independientes del productor. <>.
En este punto está muy difundida una mala interpretación de Marx, aun entre los socialistas. Se cree que Marx hablaba sobre todo de la explotación económica del trabajador y del hecho de que su participación del producto no fuera tan grande como debiera o de que el producto debía pertenecerle, en vez de al capitalista. Pero como ya lo he demostrado, el Estado como capitalista, como en la Unión Soviética, no habría sido mejor acogido por Marx que el capitalista privado. Le preocupa la liberación del hombre de un tipo de trabajo que destruye su individualidad, que lo transforma en cosa y que lo convierte en esclavo de las cosas. Como Kierkegaard, se preocupaba por la salvación del individuo y su crítica de la sociedad capitalista se dirige no a su método de distribución del ingreso, sino a su modo de producción, su destrucción de la individualidad y su esclavización del hombre, no por el capitalista, sino la esclavización del hombre -trabajador y capitalista- por las cosas y circunstancias de su propia creación.
Marx va aún más lejos. En el trabajo no enajenado, el hombre no sólo se realiza como individuo sino también como especie. Para Marx, como para Hegel y otros muchos pensadores de la Ilustración, cada individuo representaba a la especie, es decir, a la humanidad como un todo, la universalidad del hombre, el desarrollo del hombre conduce al desenvolvimiento de toda su humanidad. En el proceso del trabajo <>.
Hay que subrayar, además, que el fin de Marx no se limita a la emancipación de la clase trabajadora, sino que tiende a la emancipación del ser humano a través de la restitución de la actividad enajenada, es decir, de la actividad libre de todos los hombres y a una sociedad en la que el hombre, y no la producción de las cosas, sea el fin, en la que el hombre deje de se un monstruo paralítico para convertirse en un ser humano plenamente desarrollado. El concepto de Marx del producto enajenado del trabajo se expresa en uno de los temas más fundamentales desarrollados en El capital, es lo que él llama "el fetichismo de la mercancía". La producción capitalista transforma las relaciones de los individuos en cualidades de las cosas mismas y esta transformación constituye la naturaleza de la mercancía en la producción capitalista. <>. <>.
La enajenación del trabajo en la producción del hombre es mucho mayor que cuando la producción era artesanal y de manufactura. <>.
Para Marx, la enajenación en el proceso del trabajo, del producto del trabajo y de las circunstancias, está inseparablemente relacionada con la enajenación de uno mismo, de nuestros semejantes y de la naturaleza. El hombre enajenado no sólo está enajenado en relación con los demás hombres; está enajenado de la esencia de la humanidad, de su "ser como especie", tanto en sus cualidades naturales como espirituales. Esta enajenación de la esencia humana conduce a un egotismo existencial. El trabajo enajenado enajena al hombre de su propio cuerpo, de la naturaleza externa, su vida mental y su vida humana.
El concepto de Marx se acerca aquí al principio kantiano de que el hombre debe ser siempre un fin en sí mismo y nunca un medio para realizar un fin. Pero amplia este principio afirmando que la esencia humana del hombre nunca debe convertirse en un medio para la existencia individual. El contraste entre la visión de Marx y el totalitarismo comunista no podría expresarse más radicalmente; la humanidad en el hombre, dice Marx, no debe siquiera convertirse en un medio para su existencia individual, mucho menos podría considerarse, pues, un medio para el Estado, la clase o la nación.
La enajenación conduce a la perversión de todos los valores. Al hacer de la economía y sus valores -<>.
Marx advirtió lo que sucede con las necesidades humanas en un mundo enajenado y previó con sorprendente claridad la conclusión de este proceso, tal como sólo actualmente es apreciable. Mientras que, en una perspectiva socialista, se atribuiría la principal importancia <>, a <>, en el mundo enajenado del capitalismo las necesidades no son expresiones de las potencialidades latentes del hombre, es decir, no son necesidades humanas; en el capitalismo <>. El hombre que se ha sometido así a sus necesidades enajenadas es un ser mental y físicamente deshumanizado. Este hombre-mercancía sólo conoce una manera de relacionarse con el mundo exterior, poseyéndolo y consumiéndolo (usándolo). Cuanto más enajenado se encuentre, más estará constituida su relación con el mundo por el sentido de poseer y de usar. <>.
Marx difícilmente habría podido prever hasta qué punto las cosas y las circunstancias de nuestra propia creación se han convertido en nuestros amos; nada podría probar, sin embargo, más drásticamente su profecía que el hecho de que toda la raza humana se encuentra hoy prisionera de las armas nucleares que ha creado y de las instituciones políticas que son, igualmente, de su propia creación. Una humanidad aterrada se pregunta ansiosamente si se salvará del poder de las cosas que ha creado, de la acción ciega de las burocracias que ha organizado.
CONTINUARÁ...
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